El Eternauta
Su nombre real es Juan Salvo. Era dueño de una fábrica de transformadores, tenía una familia encantadora y unos amigos con quienes pasaba el rato jugando al truco. Hasta esa otra noche cualquiera en que comenzó a nevar. Ya de por si no es nada común que nieve en Buenos Aires, pero esos copos fluorescentes combinados con el corte de suministro eléctrico tornaban la oscuridad en una verdadera pesadilla. Más aun cuando notaron que resultaban mortales al simple contacto. Gracias a uno de los amigos que conservaba la frialdad de actuar objetivamente, encontraron la forma de sobrevivir. El chalet se convirtió en una isla con ellos como náufragos olvidados. Claro que eso ni se acercaba a la verdadera pesadilla: lo peor ni siquiera había empezado.
Pronto descubren que esa nevada mortal es el inicio de una invasión extraterrestre. Que los copos son solo una de las tantas formas que el invasor tiene para diezmar a los humanos. Están los cascarudos, unos insectos gigantes; los Hombres Robot, guiados a distancia por los fríos Manos; los Manos, presuntos culpables de tanta atrocidad, pronto revelan que los verdaderos invasores son otros, los Ellos. Ellos son el odio cósmico encarnado, seres tan poderosos que nunca llegan a mostrarse. Juan y sus amigos de unen al improvisado ejército que quiere dar batalla, tan solo para fracasar ante armas como las nubes generadoras de terror, los imparables Gurbos y los lanzarrayos. Todo esfuerzo parece inútil, hasta que Buenos Aires desaparece al caer una bomba atómica. (seguir leyendo)


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